¿Existe Dios?

DiosDesde el principio de la historia, el hombre se ha preguntado por el origen y propósito de él, y de todo lo que lo rodea.  ¿Cómo aparecimos?, ¿Por qué estamos aquí?, ¿Qué es el sol?, ¿Qué son todas esas luces en el cielo nocturno?, ¿Por qué enfermamos?, ¿Por qué morimos? Un sinfín cúmulo de dudas que han excitado nuestra imaginación de las más diversas formas posibles, haciendo que a través del tiempo surgieran los más variados intentos de respuestas.

La mente humana evolucionó para distinguir patrones en la naturaleza, y así poder diferenciar entre las distintas “cosas” presentes en ella, como la diferencia entre un buey (alimento) y un tigre (peligro), entre un lago (apacible)  y un rio (desafiante), entre un día soleado (perfecto para salir) y un día de tormenta (para buscar refugio), entre el rostro de nuestro amigo y el de nuestro enemigo.

Sin la distinción de patrones no podríamos reconocer si lo que tenemos enfrente es una posible fuente para satisfacer nuestras necesidades, o un peligro del que debamos huir. La mente está tan acostumbrada a reconocer patrones que no necesitamos más que un rápido vistazo a un objeto para reconocer de qué se trata,  sin embargo, la desventaja es que también somos capaces de ver cosas donde no la hay, como un conejo o un dragón en las nubes, una cara endemoniada o un rostro cómico en los azulejos del baño o el yeso de la pared, el contorno de una figura religiosa en un pan tostado mal quemado o en una pared con humedad. El ser humano evolucionó para sobrevivir, mas no para conocer la verdad, es por ello que esta asombrosa capacidad para reconocer patrones suele ser un arma de doble filo.

En el neolítico, al escuchar un ruido entre la hierba, podrían existir dos posibilidades. Que se tratase de un feroz tigre asechando a punto de comernos (un agente con intensión), o que se tratase solo del viento (nada más que un evento aleatorio en la naturaleza). Aquellos que pensaban se trataba solo del viento cuando en realidad se trataba de un tigre terminaban siendo su alimento (Aquellos que no tenían miedo o tenían la suficiente curiosidad para intentar descubrir la verdad y se terminaban acercando). Por otro lado aquellos que pensaban se trataba de un feroz tigre cuando solo se trataba del viento huían inmediatamente (Aquellos en quienes el miedo era lo suficientemente fuerte para controlarlos o no tenían la menor curiosidad por conocer de qué se trataba). Finalmente, aquellos que huían aun cuando solo fuera una falsa alarma sobrevivían lo suficiente para tener descendencia y pasar sus genes “miedosos o crédulos” a la siguiente generación. Los curiosos morían jóvenes.

Creer que hay intensión en las cosas que no podemos ver nos ayudó a sobrevivir y esta característica quedó intrínsecamente conectada a nuestra especie. Como resultado de esta habilidad, el ser humano tiende a ver intención y patrones donde muchas veces no los hay, lo cual, mezclándose con todas sus dudas sobre su origen y de todo lo que lo rodea, terminaron dando forma a miles de mitos y leyendas sobrenaturales a lo largo y ancho del globo intentando explicar todo aquello que no lograba entender.

La tendencia a creer en seres sobrenaturales que no podemos ver, tocar o escuchar, pero que son responsables deDioses todo aquello que acontece a nuestro alrededor, ha acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos e independientemente de si seres como estos de verdad existen o no, esta particularidad nos ha obligado a ver “cosas” donde no las hay.

“Dios” y las “fuerzas sobrenaturales” han sido desde siempre  los “comodines” por excelencia para intentar explicar aquello que desconocemos. Cuando no sabíamos porque llovía, temblaba, un volcán hacia erupción o alguien enfermaba, estas eran las primeras “explicaciones”. Desgraciadamente, nada más que la masilla para rellenar los huecos de nuestra ignorancia e independientemente de si estas fuerzas misteriosas existen o no, este es un error que típicamente siempre ha cometido el ser humano.

Consideremos otro ejemplo. Imaginemos dos antiguas aldeas alejadas cuyos habitantes se separan para buscar comida. En la aldea 1 existen individuos con un gran sentido social, quienes, en caso de encontrar un arbusto lleno de bayas, escucharán esa vocecilla interior que les dice deben avisar a los demás y compartirlo con su aldea. Esa sensación que muchos de nosotros hemos experimentado de sentirnos observados y sentenciados por algo invisible (nuestra consciencia) cuando hacemos algo negativo moralmente hablando. Por otro lado en la aldea 2 hay individuos egoístas, quienes no cuentan con ese llamado de consciencia y no sienten remordimiento alguno al quedarse para ellos solos todo el arbusto.

En la aldea 1 hay más individuos preocupados por el bienestar de los demás, que de alguna forma gracias a su cargo de consciencia, experimentan el miedo de poder ser castigados en caso de no hacerlo. En la aldea 2 hay más individuos que se preocupan solo por ellos mismos. El ser humano, al ser una especie social, tiene mayores posibilidades de sobrevivir al cooperar con otros individuos que a su vez hagan lo mismo que vivir de manera aislada. Con el paso del tiempo las aldeas con individuos que creen son observados por alguien que los juzga prosperan. Las aldeas con individuos egoístas perecen.

Parece ser que la “necesidad” de considerar un ser invisible que nos observa y juzga en nuestras vidas, es parte de nosotros, somos los descendientes de todas aquellas tribus sobrevivientes, y es por ello la importancia hoy en día de saber observar y reconocer cuando nuestras conclusiones sobre algún fenómeno están siendo influenciadas por esta característica nuestra. Con todo esto no estoy insinuando que Dios no exista, pero sí que muchas de las razones que tenemos para creer en el están equivocadas.

¿Existe Dios?, No lo sé. Tal vez sí, tal vez no. No puedo afirmarlo pero tampoco negarlo, simplemente y sencillamente porque ninguna de las dos opciones me consta, ni a mí ni a nadie y quien diga lo contrario definitivamente está equivocado. Hasta el día de hoy muchos argumentos se han esgrimido a favor de su existencia pero todos ellos parten de bases falaces y sesgos cognitivos haciendo que se desmoronen ante la razón. Entre los más comunes tenemos algunos como “Argumento ad ignorantiam o desde la ignorancia” (No sé cómo surgió el universo/ la vida/el hombre por lo tanto Dios debió crearlo),  “Argumentum ad consequentiam o dirigido a las consecuencias” (Dios debe de existir, porque si no existiera no habría moral y el mundo sería horrible). ”Argumentum ad populum o dirigido al pueblo” (La mayoría de la gente cree en un dios por lo tanto este debe de existir), “Argumentum ad antiquitatem o apelación a la tradición”(Durante toda la historia de la humanidad se ha creído en dioses, por lo que algo de cierto debe haber), etc. Para estos casos respectivamente tenemos que no hay nada que conecte el no saber X con una conclusión Y (por algo es “no se sabe”), que nosotros creamos que algo debe ser de tal o cual manera no quiere decir que así sea, una idea es tan verdadera o falsa por si misma independientemente de cuantas personas crean en ella y durante cuánto tiempo hayan creído en ella (Durante mucho tiempo, casi todos pensaron que la tierra era plana).

inecesarioEl pensamiento humano se encuentra lleno de sesgos como estos entre muchos otros más,  los cuales,  no son más que errores de lógica en nuestra forma de pensar. Errores que sin darnos cuenta nos hacen llegar a conclusiones equivocadas. La vasta mayoría de argumentos a favor de la existencia de un ser todo poderoso lamentablemente adolecen de uno o varios sesgos como estos y es triste que quienes los utilizan no se den cuenta de ello o reflexionen que de existir Dios sería algo tan importante que en definitiva merecería un mejor esfuerzo. Sin embargo también es cierto que hasta el momento no se ha hecho descubrimiento alguno en la naturaleza que nos asegure su inexistencia. La ciencia solamente ha encontrado explicaciones ante los fenómenos que nos rodean que lo han hecho innecesario.

Por un lado el principio de “Onus Probandi” o carga de la prueba nos dice que la responsabilidad de probar una afirmación recae en quien hace dicha afirmación mas no en quien la niega y si no hay evidencias suficientes que señalen la plausibilidad de tal afirmación entonces no hay por qué tomarla en serio. Sin embargo, también es cierto que “ausencia de pruebas no es prueba de ausencia” y el hecho de que no tengamos pruebas para afirmar que “algo existe” no quiere decir que “ello no exista”. Por lo tanto sin evidencias en mano que señalen directamente la existencia o inexistencia de un hecho no es posible afirmar o negar su realidad. A lo más que podamos llegar es argumentar que “Dadas las evidencias disponibles sobre X fenómeno, existe “determinada” probabilidad de ser verdadero o falso”.

Si una persona argumenta que los unicornios existen entonces se le preguntará cuáles son sus motivos para creerlo y si no es capaz de dar buenas razones para hacerlo entonces se podrá decir que “Dadas las pocas o nulas evidencias disponibles, no hay razones para creer en su existencia”, mas no con ello se podrá asegurar que definitivamente los unicornios no existen por que bien podría ser que en algún lejano planeta se encuentren en este preciso momento muy plácidamente disfrutando de un rico pasto azul de caramelo sin que nosotros lo sepamos. Más sin embargo, no por no poder probar que algo no existe quiera decir que ello exista. Llevar una vida creyendo en Dios solo porque no pueda probarse que no existe tiene el mismo mérito que llevar una vida creyendo en unicornios, duendes, dragones o un bufón extraterrestre invisible pegado siempre a nuestro lado solo porque no pueda probarse su inexistencia.

¿Quisiera que Dios existiera?, Vaya, probablemente sí. Quien no quisiera que fuera real alguna de las tantas ideas que vienen acompañándolo como una vida después de la muerte, poder seguir viendo a nuestros seres queridos, poder seguir conociendo y aprendiendo sobre los misterios del universo, que existiera una verdadera justicia final que pusiera cada cosa en su lugar,  en fin. Pero más allá de querer creer en este tipo de ideas lo que realmente quisiera es conocer la verdad sin importar al final cual resulte ser. Si en esa verdad existe un Dios,  perfecto,  quisiera conocerlo pero si no existe muy bien también. Lo importante al final no es si existe o no, si no lo que en realidad sea la verdad, porque solo conociendo la verdad en cualquier tema de la vida es que podemos tomar decisiones certeras. Aquel que desconoce la verdad sobre cualquier asunto solamente está destinado a ser esclavo de las circunstancias y no dueño de su propio destino. La verdad es liberadora, nos permite tomar las riendas de nuestra vida pues solo a través de conocer la realidad es que podemos tomar decisiones y acciones que tengan un verdadero efecto sobre ella y nuestro entorno para así poder moldearlo a nuestra manera. Valdría la pena que cada ser humano se preguntara a sí mismo, “¿Qué es lo que quiero?, ¿Encontrar la verdad sin importar cual resulte ser o solo quiero creer lo que quiero creer sin importar si al final resulte ser verdad o no?” No sé cuál será la “verdad” y nadie lo sabe, y es por eso la importancia de no parar en buscarla y no solo estancarnos en alguna de nuestras creencias. Siempre deberíamos de ser capaces de reconocer la diferencia entre lo que es una búsqueda de la verdad y lo que nos gustaría fuera verdad.

El universo nos ha sorprendido al revelarnos algunos de sus más grandes misterios. Como saber gracias a la misterios universorelatividad que el espacio y el tiempo es un solo tejido que puede ser deformado. Como saber gracias a la mecánica cuántica que la materia puede estar en varios lugares a la vez, ser onda y partícula al mismo tiempo, aparecer y desaparecer literalmente de la nada o que muy probablemente hay infinitas copias de nosotros mismos en una infinidad de universos paralelos. Como saber gracias al descubrimiento de la materia y energía oscura que el 95% del universo está hecho de algo que desconocemos o como no tener ni la menor idea de cómo resolver el misterio de la conciencia. Wow, como siempre la realidad supera la ficción y conocer cuál es la realidad es una de las cuestiones más emocionantes que puedo imaginar. ¿Qué otros grandes misterios por resolver hay detrás del velo de lo desconocido y que tal vez nunca descubramos por detenernos en respuestas falsas?

Tal vez exista algo parecido a lo que llamamos Dios, o tal vez exista algo mucho más extraordinario e interesante, pero escoger una respuesta y quedarnos con ella anticipadamente es la mejor receta para nunca saberlo. Estar demasiado seguros de cualquier cosa es la mejor manera para perdernos la verdad, ya que el único que deja de buscar respuestas es aquel que cree ya haberlas encontrado. El mayor enemigo del conocimiento es la ilusión de conocimiento. Cuando creemos saber dejamos de investigar y si dejamos de investigar nunca podremos darnos cuenta si estábamos en lo correcto o no.

Cualquier persona debe ser libre de tener las creencias que más desee y llevar el estilo de vida que más le guste. La libertad es el mayor bien que el ser humano pueda tener, pero para poder tener libertad debemos ser capaces de elegir, de tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, para poder tomar decisiones debemos tener varias opciones de donde escoger. Si no tenemos opciones, si solo conocemos un solo camino,  entonces no estamos decidiendo, solo estamos asimilando lo único que conocemos. Aquellos que toman un camino solo porque era el único que conocían y nunca tuvieron un acercamiento a las alternativas en realidad no están tomando una decisión libre, solamente están asimilando el único camino disponible para ellos. Conocer todas las opciones antes de tomar una decisión y seleccionar la que de ellas queramos nos hace verdaderamente libres. Es por ello la gran importancia de señalar todos los lados tanto positivos como negativos de cualquier idea, incluyendo las religiosas, porque solo así, cada quien puede ser totalmente libre de forjarse un criterio informado y tomar la decisión que más le agrade dejando a los demás hacer lo mismo. La libertad tiene su base en una trasparente y honesta propagación de ideas a través de la sociedad. La censura o restricción de alguna de ellas va totalmente en contra de un concepto libre y es por ello que es tan importante siempre conocer los dos lados de la moneda, las evidencias a favor y en contra, solo así podemos garantizar nuestra total libertad y no solo un condicionamiento fortuito.

Cada ser humano merece conocer todas las alternativas y poder tomar una decisión libre e informada, todos, incluyendo los niños quienes son los principales afectados ante la dogmatización que se ejerce dentro de las religiones. Todo niño merece conocer toda la información disponible sobre un tema y tomar su propia decisión a su debido tiempo. Sin embargo en la gran mayoría de religiones, los niños son adoctrinados a las creencias de sus padres inocenteslo que muchas veces conlleva a tener una necesidad ciega hacia las mismas en lugar de permitirles tomar por su libre cuenta su propia decisión. Quien no conoce las alternativas no puede decidirse por alguna de ellas. Si desde pequeños todo lo que conocemos son determinadas ideas religiosas y nunca se nos enseñó a dudar y a criticar de acuerdo a nuestro propio pensamiento será casi seguro que terminaremos con una fuerte dependencia hacia ellas. Ser lo que se llama “un hombre masa”. Encajonar a un niño a creer ciertas ideas sin proponerle pensar y reflexionar sobre ellas y asustarlo con ideas como el “infierno“ ante su rechazo sin preocuparse por el desarrollo de su libre albedrio, criterio y decisión incitándole a que piense como los padres en lugar de encontrar su propia forma de pensar y tomándolo como un objeto de nuestra propiedad en lugar de un ser humano individual en pequeño que merece su total libertad es algo que comúnmente se hace alrededor del mundo,  lo cual es, en definitiva, una forma inmoral e injusta de actuar.

Imaginen lo injusto que sería, si en este momento yo inventara una historia sobrenatural que se transformara en religión y empezara a profesarla de tal manera que obtuviera una gran cantidad de adeptos. Imaginen que después de tener varios fieles tras de mí y tras de esta creencia yo muriera y nadie supiera que en realidad todo fue un invento. Imaginen a los fieles enseñando a sus nuevos hijos que nada tienen que ver con mi invención o con la decisión de sus padres a creer todas las enseñanzas haciéndoles de verdad creer en ello. Imaginen la injustica que sería que cada recién nacido inocente, en lugar de tener el derecho y la oportunidad de conocer la verdad del mundo en el que les tocó vivir, o las críticas a dichas ideas, pasara su vida creyendo algo que no es verdad.

Aquellos niños que nazcan en India casi seguro terminarán creyendo en Vishnu, quienes nazcan en Afganistán en Alá, los nacidos en África central en el gran Ju Ju de la montaña así como los que nacieron en la Grecia antigua les tocó creer en Zeus o los nacidos en Dinamarca creer en Thor. La religión es solo una cuestión de tiempo y geografía. Es una pena que enseñemos a los niños “que pensar” en lugar de “como pensar”. Es una pena que ante los grandes misterios del universo, de nuestra existencia y nuestra realidad, dejemos nuestra forma de creer y pensar a la suerte de donde nos tocó vivir en lugar de tomar un papel inquisidor para dudar, preguntar, investigar e intentar descubrir la verdad.

Sin embargo, la vasta mayoría de creyentes se toman de manera personal las críticas que se hacen a sus ideas y no a ellos. Las personas tienen derechos y merecen todo el respeto del mundo, las ideas no. Toda idea merece la misma oportunidad inicial y dejar que se sostenga por el peso de sus propias evidencias. Es solo mediante las críticas, la argumentación objetiva y las evidencias que una idea puede o no sostenerse y saber si es verdadera o no. En un mundo con un libre tránsito de ideas, no deberían existir las ofensas al criticarlas, por el contrario, deberían ser siempre algo deseable pues solo la crítica nos permite crecer por que a través de ella podemos darnos cuenta de aspectos que con anterioridad no teníamos contemplados. La crítica tanto a la religión como a cualquier idea en la sociedad es esencial para el progreso siempre salvaguardando la libertad de creencia y elección que cada ser humano debe tener.

¿Cómo sabemos cuándo una idea es real o no? Si en un determinado momento, distintas personas nos hablan de ideas distintas y contradictorias entre si sobre un mismo tema, ¿Cómo sabemos quién de ellos está en lo correcto y quién no? El único camino disponible para saberlo es por medio de sus evidencias. Es la única manera de hacer un intento serio de filtrar aquellas ideas que pueden ser verdaderas de aquellas que no. Seleccionar una opción solo porque nos suene bonito, porque nos guste o porque coincide con nuestros prejuicios es solo un juego de azar, una apuesta en las que llevamos todas las de perder. Si intentamos distinguir lo que es verdad de lo que no lo es utilizando solo lo que creemos o sentimos, cada persona terminará tomando decisiones diferentes y no todas podrán estar en lo cierto. El universo es uno y por lo tanto solo una la verdad.

Es común que la gente llegue a creer que la “verdad” es algo que se intuye, algo que se siente. Que crea que una determinada versión es la correcta porque “la sienten en su corazón”, sin embargo muchas veces no recapacitan que somos susceptibles al engaño, y que cada creencia en la tierra tiene sus propios seguidores que sienten exactamente lo mismo por su propia versión. Todas tienen sus propios escritos sagrados y sus propios “sacerdotes, rabinos, gurús o líderes espirituales” que aseguran tener la verdad. Los sentimientos y emociones no son fuente de conocimiento. Guiados por ellas, cada persona terminará llegando a conclusiones distintas. Incluso algunas personas me han llegado a preguntar, “¿A caso no sientes esa clase de chispa divina en tu interior o conexión especial con algo superior?” Y lo que les respondo es, sí, claro que la siento, soy humano igual que los demás y comparto los mismos tipos de sentimientos y emociones que han inspirado la gran variedad de mitos divinos. Sin embargo, a pesar de tener los mismos tipos de sentimientos, las conclusiones son diferentes. Esa “conexión especial” que siento sobresalta cuando belleaprecio un hermoso amanecer, cuando veo cómo surge la vida, al admirar un hermoso cielo estrellado o contemplar imágenes de galaxias distantes. Cuando tengo frente a mí una montaña imponente, cuando veo con ojos curiosos la gran organización de las hormigas, cuando siento la brisa del aire sobre mi rostro o reflexiono sobre las grandes maravillas y misterios de nuestra existencia. Una sensación de ser parte del universo, una conexión como integrante y no como algo aparte de todo lo que me rodea y un sentimiento de majestuosidad ante su belleza. Los sentimientos y sensación de “conexión” son las mismas, las conclusiones son diferentes. Querer que algo sea verdad no lo hace real. Es aquí cuando llega la importancia del escepticismo.

Si al preguntarnos a nosotros mismos si queremos conocer la verdad o solo queremos creer lo que queremos creer nos inclinamos por la primera opción y tenemos un verdadero compromiso con la verdad y ser honestos con nosotros mismos, nos convendrá  adoptar un pensamiento escéptico,  el cual no es más que suspender el juicio a favor o en contra de una idea hasta tener los suficientes elementos para juzgarla.  El escepticismo no es ser negacioncita, no es ir por el mundo negando la existencia de todo aquello para lo que no hay pruebas. Quien actúe de esta forma corre todo el riesgo posible de no poder hacer nuevos descubrimientos. Toda idea merece la misma oportunidad inicial sin importar lo cotidiana o descabellada que se escuche y dejar que sus evidencias hablen por sí mismas. Escepticismo es solamente decir “No se” (ni si, ni no) y necesito mayores pruebas para decidirme. Esta actitud acompañada de un pensamiento inquisidor en el que constantemente se cuestione lo establecido sobre un tema y un pensamiento crítico en el que se obtengan pruebas de manera verificable será la mejor opción disponible para intentar tomar una decisión informada. Quien quiera de verdad encontrar la verdad deberá hacer un mejor esfuerzo que solo dejarse llevar por lo que siente.

Nadie sabe si Dios existe o no. Solo podemos decir que a pesar de que muchos se empeñan en creer en él, hasta el día de hoy no hay pruebas que nos señalen su realidad. Ya dependerá de cada persona si al final quiera enfrascarse en una verdadera búsqueda por la verdad sea la que al final resulte ser o si solo quiere creer lo que quiere creer por que lo hace sentir bien. Cada persona puede pensar distinto, pero en lo personal creo que no hay mayor desperdicio que pasar la única vida que parecemos tener creyendo en algo que en realidad no es verdad, por ello mi afán no de creer si existe o no, si no de buscar la respuesta y no solo quedarnos conformes con lo que queremos creer. Hay quienes opinan que vale la pena creer sin preocuparse por indagar la verdad solo porque los hace feliz. Yo discrepo de esa opinión. Para mí, pasar toda una vida creyendo una idea sin importarnos si es real o no solo porque nos hace feliz es verdad libertadcomo el alcohólico que pasa toda su vida ebrio, sin preocuparse por la vida real solo porque lo hace feliz. Algo que en lo personal, yo no haría. ¿Qué tan significativa o superficial podría ser una felicidad basada en una mentira? Hay una famosa frase que dice “¿Una mentira que te haga feliz o una verdad que te amargue la vida?” la cual creo no es más que una frase que parte de una falacia de falso dilema, al asumir desde un principio que la mentira traerá felicidad y la verdad tristeza. La felicidad y la tristeza son independientes a la verdad o a la mentira. Sin embargo, al conocer la verdad podemos tomar decisiones y por lo tanto tomar el control de nuestro destino. Por el otro lado, vivir en una mentira solo nos hace esclavos de las circunstancias. Una mentira puede traernos felicidad superficial, pero la verdad nos permitirá tomar el rumbo de nuestras acciones, por lo que nuestra felicidad podría ser aún más significativa. Probablemente la verdadera frase seria, “¿Una mentira que te haga esclavo de las circunstancias o una verdad que te del control de tu vida?  ”Finalmente deberá ser una decisión que cada persona tome por su propia cuenta cuidando siempre no imponer o afectar de forma negativa a los demás con ella.

La creencia en fuerzas divinas nacieron junto con la curiosidad del hombre por conocer su origen y de lo que lo rodea. Rápidamente se utilizaron como una respuesta para intentar explicar aquello que no podía. Un comodín ante su ignorancia. Con el tiempo, la ciencia comenzó a dar respuestas que poco a poco disminuyeron el campo de acción de dichas divinidades. Nos enseñó nuestro verdadero lugar en el universo y a comprender porque cada cosa funciona como funciona. Fuimos comprendiendo que cada terremoto, tormenta y enfermedad, cada  vida, muerte y sufrimiento no descansaba sobre caprichos mágicos si no sobre bases naturales. Con el tiempo la ciencia y la razón nos han enseñado “no que Dios no existe”, si no que muchas de las razones que tenemos para creer en el, están equivocadas. Una situación sobre la que vale la pena reflexionar.

 

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Acerca de J. Antonio M. Martell

¿Que es la existencia? ¿Como se define la realidad? ¿De donde venimos? ¿Tenemos un propósito? ¿Tenemos poder de elección o todo es una ilusión?  Estas y otras mas son las preguntas que a diario me hago, como profesional estudié y trabajo en la Ingeniería de Sistemas, como persona tiendo a ejercer mi capacidad de raciocinio para pensar y reflexionar sobre todos los temas y maravillas que existen en el universo, dándome el poder de llevar la capacidad de mi mente mas allá de los límites diarios, la imaginación da el toque especial a la actividad “Sapiens” con lo cual el viaje en las posibilidades se hace mucho mas interesante. Intereses: Cosmología, tiempo y espacio, universo, ciencia, mecánica cúantica, inteligencia, conciencia, misterio, vida, muerte, existencia, biología

Publicado el 24 enero, 2014 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Francisco Ignacio Beltrantirado

    De verdad que otra vez la vida me ah vuelto a sorprender, leyendo esta maravillosa reflexion, exactamente todo lo que has venido reflexionando tengo curiosidad por ello, los amaneceres, hasta la mosca que vuela al rededor del pastel, es impresionando ver el universo, cada persona su manera de pensar sus acciones, culturas y todo eso que has venido diciendo, gracias por este aporte, me has animado mas a seguir investigando sobre mi y mi alrededor, y fue asi como di a esta pagina, nuevamente gracias! saludos

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